DISTRITO NACIONAL (República Dominicana).-. El mundo atraviesa por un episodio de triste recordación. La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, el pasado 28 de febrero, ha venido a desmantelar toda la estructura del comercio global, principalmente en el comercio del petróleo.
La inestabilidad del crudo Brent y Texas, de referencia en Europa y en Estados Unidos, respectivamente, ha constituido el principal elemento de perturbación, además del cuadro de calamidades y daños que causa la guerra en todo el Medio Oriente y en el Golfo Pérsico.
Todos los países se han visto obligados a adecuar su sistema económico a los episodios que se registran por el conflicto bélico.
El presidente Luis Abinader ha sido claro en su visión sobre el problema: Ha llamado a la población dominicana a actuar con prudencia y entender sobre la necesidad de ajustes en los precios de los combustibles, el transporte y en el comercio de mercancías.
Sin embargo, el impacto debe ser asumido de forma colectiva, como ha advertido el mandatario.
El mayor sacrificio, en materia fiscal y en el enfoque de posibles vías de solución, recaerá en el Gobierno.
Pero los dominicanos habrán de asumir un enfoque de responsabilidad, con menor despilfarro de los presupuestos familiares disponibles y en el uso de la energía y de los combustibles.
El mayor reto del país es que está obligado a importar el petróleo, que por la magnitud del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán exige la reasignación de fondos por la carencia en el suministro del crudo, cuya compra habría que canalizarse de acuerdo a coyuntura anormal del mercado.
Con responsabilidad ha advertido el presidente Abinader sobre el costo económico que implica la guerra en Irán.
La disponibilidad de subsidios a los combustibles, principalmente el gas licuado de petróleo por su impacto directo en sectores vulnerables, viene a ser una medida que lleva respiro, al igual que el desembolso de un fondo de mil millones de pesos para los fertilizantes, por su impacto en la comercialización de muchos productos que alta demanda en el país.
Lo correcto es, entonces, apostar por la colectividad en esta coyuntura tan delicada para el comercio global. Y, como ha planteado el presidente Abinader, hay que actuar con cautela con la plena confianza de que el país, como lo ha hecho en otras ocasiones, sabrá superar la incertidumbre y continuará el camino hacia el progreso y la estabilidad de su economía, con la proyección divulgada por organismos internacionales de un auge por encima del 4 por ciento para 2026.
El pesimismo y ni el “derrotismo” son fórmulas válidas en el actual momento, ya que solo inducen a desaliento y frustración, elementos que son los menos apropiados cuando se reclama de la fuerza colectiva para salir airosos en medio del panorama tan sombrío que implica la guerra en Medio Oriente.

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