DISTRITO NACIONAL, República Dominicana.-. Mario José Redondo Llenas, condenado por el brutal asesinato a puñaladas de su primo José Rafael Llenas Aybar, de 12 años, un crimen que conmocionó a República Dominicana, ocurrido el 4 de mayo de 1996, salió este martes 5 de mayo tras cumplir la totalidad de la pena de 30 años en la cárcel, ni un día más, ni un día menos. Una sanción nada fácil. Siendo él tal vez el único dominicano que ha pasado tanto tiempo en una prisión.
Cuando a las 7:04 de la mañana se abrieron las puertas del penal del Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo Hombres, Mario salió. Junto a él no estaban sus padres, ni sus hermanos, pero, si un jovencito parecido a él, llamado Daniel, que luego fue identificado como uno de sus dos hijos concebidos en prisión. El segundo no estuvo, ni se sabe nada de él.
Pero, sí estuvo Daniel, quien escuchó casi sin pestañar una declaración leída por su padre, en la que expresaba nuevamente perdón por el hecho que cometió, y las preguntas hechas por los periodistas, que me imagino que para él eran como dagas que abrían las heridas de ese fatídico suceso.
Si yo hubiese sido el padre de Mario, también habría estado detrás de él, por el esfuerzo que hizo en prisión donde estudió varias carreras, ayudó a muchos presos y tuvo un comportamiento ejemplar.
Mario mostró valentía para responder los cuestionamientos, dar la cara y no salir huyendo. Me imagino que fue un momento de angustia para él, que probablemente se repita durante gran parte de su vida.
Pero, me supongo, que igual de doloroso debió ser también ese momento para Daniel. Muchos lo han criticado por estar en ese lugar, pero, yo creo lo contrario, porque yo también fui hijo de mi padre, y traté de ser delicado delante de mi madre. Además, el que tiene hijos, no puede decir, de estas aguas, no beberé.
Él no estaba detrás de un asesino, sino de un padre que ha confesado con su boca arrepentimiento, que ha cumplido su condena y que merece su reinserción social.
Con su presencia, interpreto que quiso decir: “papá tú no estás sólo”, yo estoy contigo, y ahora vamos a examinar las sendas de nuestros pies, para que todos nuestros caminos sean rectos”. Ojalá, que además de su hijo, vaya acompañado de Dios, para que también sus caminos sean más deleitosos.
Yo particularmente le recomiendo que viva su vida un día a la vez, como lo hizo en prisión. Que no se deprima por las críticas destructivas. Que al caminar no mires hacia atrás para ver las sendas que nunca se deben volver a pisar, y que destruya todos los monstruos que se puedan presentar, uno a uno. Ojalá en medio de tanto dolor para todas las partes, él se pueda reinsertar en la sociedad y ser un hombre de bien.
Porque después de todo, la reinserción social es un derecho humano y constitucional, y es la finalidad de todo sistema penal, aún para aquellos que hayan cometido los peores crímenes.

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